La muerte como motor de desarrollo en Bloodborne

by - junio 27, 2017

Si no has jugado a ningún juego de la saga Souls las primeras horas de Bloodborne (From Software, 2015) pueden resultar muy frustrantes. Tras el tutorial en el que te presentan el Do, Re Mi del juego, en el que sabes que estás abocado a morir, te dan a elegir un arma entre una espada dentada o un hacha y comienza el juego de verdad.


Derrotas a unos cuantos enemigos y mueres, y aunque te sientes torpe (por que por muy bueno que seas jugando a Bayonetta, Bloodborne no es ese tipo de Hack’n Slash) consigues avanzar un poco más y mueres de nuevo. Luego llegas un poco más lejos y vuelves a morir; perdiendo por el camino una y otra vez todos esos ecos de sangre que tanto atesoras y que muchas veces no consigues recuperar porque mueres dos veces seguidas. 

Este es un punto de inflexión, un momento frustrante, en el que te atenaza la sensación de que, al perder esos ecos de sangre que te ha costado sangre, sudor y lagrimas conseguir, has perdido el tiempo. Porque en los videojuegos eso es lo normal: juegas, consigues recursos y puntos de experiencia, mejoras a tu personaje y sigues adelante. 

Pero Bloodborne no es un juego normal, así que no te rindas y sigue jugando, porque en algún momento asumirás que en Bloodborne la muerte es inevitable... pero no definitiva. Y que, aunque con cada muerte pierdes valiosos recursos, hay algo que no desaparece al morir: tu habilidad como jugador. 

Bloodborne utiliza la muerte como motor de acción. Morir te hace perder recursos, pero cada derrota también te enseña algo y te hace mejorar como jugador. Y entonces, cuando asimilas este concepto tan básico y a la vez tan innovador, pierdes el miedo a morir y perder los ecos de sangre (que a nivel de mecánicas son lo más valioso del juego pues se utilizan para subir de nivel y como moneda de cambio con la que comprar objetos) se convierte en una pérdida aceptable, porque entiendes que esto no va de que tu personaje mejore si no de que tú seas mejor jugando.

Todas esas horas en las que no has avanzado por la ciudad, en las que no has conseguido ninguna pieza de equipo nueva y prácticamente no has subido de nivel, realmente son mucho más útiles de lo que habrían sido que si te las hubieses pasado farmeando. Por que aunque has muerto infinidad de veces, también has aprendido infinidad de cosas y ahora eres capaz de derrotar, sin sudar, enemigos que antes de invertir ese tiempo te parecían imposibles.

Porque en Bloodborne la muerte no representa la derrota, es tu maestra, quiere que te superes a tí mismo/a, que crezcas, que venzas donde antes no te veías ni remotamente capaz. En este juego ser consciente de que vas a morir es lo que evita que caigas en la trampa de pensar que tienes algo que perder.

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