La dualidad contradictoria de Sonic the Hedgehog

by - junio 22, 2017

Las primeras entregas de Sonic the Hedgehog (SEGA, 1991) el famoso erizo azul de Sega, campaban a sus anchas por los circuitos de Mega Drive, dominando el catálogo de la consola de la compañía nipona como si fueran hitos instantáneos, divirtiendo a todos con su rapidez meteórica. 


De hecho, si recuerdas la publicidad que se daba de los primeros Sonic, solía primar la velocidad que lo caracterizaba como parte nuclear del anuncio en cuestión, siempre o casi siempre utilizada para enarbolar esa bandera técnica que Sega ondeaba ante Nintendo y su fontanero rechoncho: una velocidad de procesamiento, de ejecución, que se suponía a años luz del “Cerebro de la Bestia”. Mega Drive era rápida y Sonic todavía lo era más. 

Con ello en mente, la mayoría de jugadores que en su momento disfrutamos de clásicos como Sonic the Hedgehog y sus secuelas inmediatas, e incluso aquellos que las han descubierto después, han optado por jugar de la manera “impuesta”, esto es: a toda pastilla, superando las fases una tras otra a todo correr, a velocidad de crucero. 

Sin embargo, si bien Sonic se presta al speedrun y su identidad lo ha empujado a ello desde las entregas más pretéritas, lo cierto es que tiene un diseño de niveles cuestionable para ello. Tiene obstáculos, usualmente piedras o pinchos, que es imposible superar a velocidad ultarrápida sin un conocimiento concienzudo y memorístico del nivel, y que paran en seco la trayectoria del erizo. 

Pero es que, además, cuenta con secuencias claramente diseñadas para no poder ir rápido: las fases acuáticas o con elementos del estilo que abundan en Sonic 2, las tirolinas o columpios a los que debes agarrarte con exactitud, o el tránsito subido en un bloque por la lava en Sonic uno. Extraño, viniendo de un juego que debería dejarte ir a toda prisa, ¿verdad?.

Prácticamente cada año rejuego Sonic 1 y 2, usualmente en mi vetusta Mega Drive. Y cada año intento ser más concienzudo: explorar cada nivel para conseguir el máximo de anillos, encontrar el máximo de secretos, ver todo el escenario posible, no importa si me acerco peligrosamente al límite de 10 minutos (más que suficiente) por pantalla. Podría decirse que niego la propia naturaleza de Sonic, llevándolo lento, sin dejarlo volar salvo cuando sé que puede hacerlo.

Y es que aunque te vendieron que Sonic es la velocidad personificada, resulta que esta saga tiene un diseño de niveles estupendo, ejemplar, al alcance sólo de los más grandes juegos de plataformas, y merece la pena echarles un vistazo detenido, claro que sí. La próxima vez que encares algún Sonic clásico, no te olvides de su dualidad: rápido, sí, pero también puede jugarse tranquilamente y explorando, resultando igual de satisfactorio.



Este artículo es una colaboración de Mario (M2_Hero) redactor en Destino RPG y colaborador en Ludonautas.

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3 comentarios

  1. Bien visto. La gracia es ésa. Yo aún al 1 y al 2 de Master System le sigo sacando rendimiento "a toda mecha" o recréandome siendo, precisamente, la velocidad un hándicap. ;-)

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    1. Hola El Vertedero en el Sótano,

      En primer lugar bienvenido al Minimal VG y gracias por tu comentario. sobre el juego de Master System tendría que escribir algo porque me parece un juego al que no se le reconoce lo suficiente "por culpa" de su hermano mayor de Mega Drive/Genesis.

      Curiosamente el juego de Master es mucho más jugable si vas rápido que el de Mega. Buenísimo apunte.

      Gracias por leerme.
      Saludos!

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  2. Es curioso y tienes razón, el video que tengo del Sonic the Hedgehog en mi canal esta jugado no pensando en hacer un speedrun, sino en mostrar la mayor parte posible de cada nivel. Te lo puedes pasar cagando leches, pero te pierdes muchos detalles y secretos escondidos...

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